Doce de la mañana de un sábado en el Campo Grande de Valladolid. Una niña de unos 9 años pasea con rostro preocupado junto a su madre. Esta última le cuenta que para saber más deLengua, Ciencias Naturales o Historia se necesita estudiar, pero que «las Matemáticas hay que entenderlas; no sirve con memorizar», que hay que hacer ejercicios y problemas para aprender más sobre ellas. La niña queda callada reflexionando porque quizá, para ella, las Matemáticas son esa «temida» asignatura que tanto se «atraganta» a algunos alumnos. ¿Pero cómo lograr que deje de ser el «ogro» de las aulas para pasar a ser una materia por la que los alumnos se apasionen?
En las últimas semanas, el último resultado del Informe PISA ha vuelto a traer «malas notas» para los alumnos españoles: empeoran sus resultados en la prueba de resolución de problemas de la vida cotidiana y España se sitúa en el puesto 23 de los 28 de la OCDE que participan en este estudio.
Los expertos no se conforman e insisten en que hay que buscar alternativas. «A los alumnos se les enseña a reproducir Matemáticas antes que a hacer Matemáticas», explica la profesora de Didáctica de esta materia en la Universidad de Salamanca, María Teresa González Astudillo.
Para esta experta, «no se pueden encontrar soluciones rápidas y fáciles porque se trabaja con personas y cada una es distinta, pero se pueden hacer muchas cosas para conseguir actividades más motivadoras y hay que tener imaginación y no ser conformistas; no hacer lo de siempre porque lo tengo organizado», porque además, «ser innovador es muy gratificante para el profesor».
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